El Enemigo que cría el Sistema

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El Enemigo del Sistema

La normalidad, es ese patrón social al que nos enseñan a aspirar pertenecer. Pero por muy normales que seamos, en algún momento del camino, el peso asfixiante del deber, nos hace temer que nunca encajaremos en él. Y sin embargo la madurez, esa cacareada y falsa impresión del que cumple años, nos puede hacer recapacitar y aceptar que uno, simplemente es lo que es. En ese caso, a veces la resolución sólo afecta al más estricto ámbito privado, y la doble moral y nuestra falta de valor para enfrentarnos a la familia y a la sociedad, nos basta. Otras, tenemos la fortuna de ser demasiado raros como para poder plantearnos siquiera esa teatralidad, a la que llaman apariencias.

Pero de lo que no cabe duda, es que lo considerado normal, es un estereotipo que nadie cumple en su totalidad, pero que aglutina a la sociedad y sirve para señalar al otro. ¿Pero qué ocurre cuando esa estrategia de cohesión y control social, basada en valores inculcados, repetidos y tradiciones remotas, no gratifica como promete a aquellos que las cumplen? Pues que la sociedad a la que en teoría representa, no sólo no está en consonancia con la real, sino que la señala como decante, en profunda crisis; y finalmente augura, una segura y futura desaparición. Pues siembra a su futuro enemigo.

En ese contexto nos hallamos. Muchos hablan de Globalización, del Imperio de los Mercados, de la implantación de un Nuevo Orden, del fin del Estado del Bienestar y de conspiraciones orquestadas por oscuros grupos de poder que implican a la élite monetaria o a los alienígenas. No pretendo buscar un autor intelectual, con este artículo. La crisis y sus instigadores buscan predar la riqueza en todas sus formas y transformar en sirvientes a la humanidad, y sólo los beneficiados y los inconscientes pueden negarlo. Yo prefiero hacer hincapié en las señales que la ambición desdeña, y cuyo efecto terminará por parir un mundo que no han planeado. Y no interpreten mis palabras como optimistas, no lo soy, ni sé lo que ocurrirá. Sólo el tiempo tiene las respuestas, y yo no creo poder ser testigo de ellas. El modelo actual se desmorona y el proceso puede durar décadas o un siglo, pero el colapso, al menos así lo creo, es inevitable.

La sociedad actual es muy compleja. La excesiva cantidad de factores a tener en cuenta hacen fallar al mejor analista. Pero cuando la complejidad nos confunde, lo mejor es tomar el modelo más simple que de su misma naturaleza conozcamos, e intentar analizar en él, los resultados que obtendríamos al aplicarle las mismas condiciones. Así que contentémonos con un hombre solo.

A él o a ella le han inculcado que en su progresiva inclusión a la sociedad, su normalidad tendrá premio. Y esta persona como el resto del Mundo ha crecido mirándose en el espejo del consumismo americano: Estudia para tener un buen trabajo, cásate, ten hijos, compra una casa y un coche, sal de vacaciones… y ese largo etcétera para el que no habrá lugar. No sólo porque el planeta no puede sustentar este ritmo feroz, sino porque, ¿quién puede emular ese comportamiento con los sueldos medios y el coste de vida que nos están imponiendo? Sólo unos pocos. La mayoría podrá sobrevivir, capeando necesidades; y unos muchos, ni eso. Las nuevas condiciones que han ideado van a excluir a mucha gente del sueño, antes tan siquiera, de haber podido participar en el sistema. Se calcula que por muy bien que vaya la crisis en España, 2 millones de personas y sus respectivas familias no podrán nunca volver a encontrar trabajo, en las décadas venideras. ¡Creo que son optimistas!

Es fácil manipular a una persona cuando no conoce otra vida, pero no habrá respeto sino odio, cuando no sólo la conoce por ti, sino que se la has prometido, y tú, que te la has reservado en exclusiva para ti, eres su impedimento para alcanzarla. Cuando una sociedad incumple los ideales sobre los que se sustenta, por más poder que se tenga, la estructura terminará cediendo. La razón es simple. La mentira de lo que prometes, te puede terminar llevando al poder. Pero a la larga, torna en enemigo, a aquel que te aupó a él, ya que sin darte cuenta, lo estás forzando a serlo. Y cabe recordar que el más peligroso de los contrincantes es aquel que nace en tu seno.

La normalidad se ha vuelto un imposible para una gran parte de la población, y su constatación crea un drama cuyas consecuencias tardarán en manifestarse. La perplejidad o indignación de ahora, terminará causando una fractura irreparable en gran parte de la generación venidera. Ellos no crecerán confiando en una recompensa futura, aunque sea falsa, como hicimos nosotros. Hecho que nos convierte en pobre amenaza, porque no lo vimos llegar y no preparamos una respuesta. Por contra, ellos habrán mamado de la injusticia, la necesidad y la exclusión; y su identidad negará la validez del sistema. La inquietud de muchos estará dirigida desde el comienzo, a buscar caminos que transformen su realidad. Y entonces el conflicto, será inevitable.

Dicen algunas voces que la élite que está forzando los cambios sociales y económicos, lo ha previsto todo, y que para evitar una fuerte disidencia futura, ha planeado disminuir la población mundial, mediante guerras o epidemias. Todo es posible. Pero no creo que esa posibilidad realmente esté contemplada, porque desencadenar algo no significa tener luego la habilidad de controlar un desarrollo en el que tú también puedes perecer, y ellos nunca van a arriesgar su propia vida.

El poder establecido prefiere tenerlo todo bajo su control y no arriesgará su propia suerte. Ahí se encuentra su flaqueza. Porque por mucho poder y prepotencia que acumulen, la realidad y las multitudes son imprevisibles. Y las desigualdades que hoy cimentan, serán la imprevisible causa final que determine su fin. Esperemos que el resultado permita a la postre, un mundo más justo. Aunque quizá, ninguno de nosotros lo pueda disfrutar.

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