El Regreso del Antiguo Régimen

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EdadMedia

No sé si recuerdan de la época estudiantil, la impresión que les causaba la división por estamentos que caracterizaba a la Edad Media. Aquella pirámide coronada por la monarquía, seguida por la élite de la nobleza y el clero, y sustentada por un pueblo llano al que el diezmo, el derecho de pernada, el vasallaje de la gleba y el reclutamiento forzoso para la guerra, entre otras muchas injusticias; nos hacía imaginar la cruel caricatura de una época atrasada. Llena de tontos e infelices que se dejaban hacer, y con los que ya teníamos muy poco en común.

La mayoría, no creo que se haya planteado que tal vez, nuestra sociedad no sea muy diferente a aquella, y que quizá los tontos de ayer son hoy los parados, pobres y excluidos de una sociedad regida por una élite, más rica, acaudalada y con más poder del que aquellos nobles medievales jamás soñaron tener. Si bien las condiciones y variables del juego son más complejas y diversas, los que lo controlan siguen siendo unos pocos y su alcance supera a cualquiera de los míticos imperios de la antigüedad. Pues el mundo entero está a sus órdenes, y nada ni nadie, puede oponer una amenaza real que pueda variar sus planes.

Las leyes de caballería, los fueros y la voluntad monárquica o Papal, se han transmutado en Constituciones y leyes que proclaman los Derechos del Hombre pero que entronizan a la entelequia del “Mercado”, detrás de la cual se sacrifican no sólo hombres, sino países. A los que no hace falta colonizar, porque sus deudas y las inversiones de las corporaciones y grandes empresas, les otorga de facto su control, y el poder de imponer sus decisiones a los gobernantes, a veces mediante organismos mundiales con apariencia de sabios y neutrales. Y no se fijen simplemente en el Tercer Mundo donde hace mucho que ocurre, en Europa, dícese Italia, Grecia, España o Portugal, ya ha empezado.

Todo monarca se valía de sus señores feudales, y estos de sus lacayos, para recaudar impuestos con los que sufragar su política, sin importar la penuria de su pueblo, y en la actualidad no veo que ocurra algo muy distinto. Si en el Medievo, un noble se ufanaba de serlo y despreciaba al vulgo, los políticos de ahora no distan de ellos en sus obras, aunque sí en sus palabras. Si un rey recompensaba a un noble con tierras, vasallos y títulos, los de ahora no se conforman con las dietas y sueldos derivados de sus nombramientos, cuya cuantía les parece adecuada y decente y que no recortan aunque quintuplique la de un trabajador medio y haya crisis. Para más muestra de su clase, cuando se retiran de la política se regalan puestos en organismos públicos, contrataciones millonarias en consejos directivos de empresas privadas, comisiones ilegales y pensiones vitalicias. La necesidad nunca les afecta, porque como buen señor feudal una hambruna no les impide reclamar lo que por su posición social se han ganado como derecho divino, aunque el pueblo sufra.

Aquellos despreciables siervos que desvalijaban a los campesinos por mandato de sus amos, sin detenerse por una mala cosecha, una plaga de peste o la desolación de una guerra, hoy son los mismos que dictan y ejecutan las leyes, aunque eso suponga dejar en la calle a familias, despedir en masa, o privatizar el acceso a la educación, la cultura o la sanidad. Cambian los tiempos, pero no las formas.

La pirámide jerárquica solamente se ha diversificado, con miríadas de mandos intermedios que se autoproclaman servidores públicos y que se delatan en sus actitudes. En ellas denotan que no son pueblo llano y que se perciben con derecho a actuar y ser tratados de modo especial. Y no son sólo los políticos, también hay banqueros, príncipes, famosos de variado origen o millonarios.

Hace no tanto, la noble Esperanza Aguirre nos ofrecía una actitud que denotaba este sentir, al resistirse y huir ante una multa de circulación. Y lo peor se encontraba en algunas de sus explicaciones, cuando afirmaba que no estuvo dispuesta a quedarse ante la idea de que la capturaran en foto para salir en el New York Times, o cualquier otro medio internacional. Lo que denota la alta imagen que de ella tiene. Y es que claro, ella no pertenece al vulgo, y como tal no debería pasar por las mismas penalidades. Pero la misma disposición se aprecia en todo ese variado conglomerado de famosos, ya sea por política, arte o dinero. Ellos son como una nobleza con prebendas, a los que la justicia, llegado el caso trata de forma diferente a un vulgar don nadie.

Paradójicamente ellos siguen necesitando al vulgo, porque gracias a los infelices, ellos son lo que son, y pueden estar por encima del resto en la pirámide jerárquica. Pero, ¿hasta cuándo? Tal vez llegue una nueva Revolución Francesa, pero no creo que el evento cambiara mucho la esencia. Todo depende de nosotros, y de que por fin algún día, tal vez en un mañana muy lejano, comprendamos que la Edad Media y la modernidad están separadas sólo por ropa, tecnología y costumbres. Porque, la sociedad humana, en el fondo, no ha cambiado tanto.

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