El Nacionalismo Español

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Nacionalismo Español

Las celebraciones denotan el verdadero carácter de aquello que se conmemora, a veces con una insolente claridad, a pesar de que la lejanía entre aquello que se afirma celebrar y el boato que lo representa, reflejen las contradicciones más palpables y evidentes de lo que se afirma ser.

La perversión del lenguaje, auspiciado bajo la tendenciosa y maniquea modernidad de lo políticamente correcto, ha anatemizado todo aquel concepto que con naturalidad describía los aspectos más realistas y negativos de la cotidianeidad. Torciendo esa primera y esencial herramienta social que es el lenguaje, para acomodarlo a su filosofía donde prima más la apariencia que la verdad, quizá porque a pesar de su grosera evidencia, el truco surte efecto y adormece nuestro entendimiento, al menos cuando de números totales, concernientes a la opinión pública y masas sociales, se habla.

Los ejemplos son incontables y no pretendo demorarme en ellos, sino señalar uno, que cada año se repite y que al menos en España, se intenta vender como una fiesta institucional del más alto carácter, no por nada lo presiden los monarcas, el presidente del gobierno y los más altos representantes de los organismos públicos y los partidos políticos. Acaba de terminar y de emitirse por la televisión pública, y como cada año rehúyo su visionado, supongo que como gran parte de la población, pero lo curioso es que su puesta en escena nunca haga surgir en la opinión pública y en los medios de comunicación “libres” la paradójica indignidad y desfachatez de su contenido y significado simbólico.

El Día de la Hispanidad, que surgió allá por 1914 denominándose en un principio como el Día de la Raza, denominación vigente en algunos Estados como México y que en Iberoamérica según los países tiene variado lema y dedicación, nació para conmemorar el mal llamado Descubrimiento de América, y su pretensión era la de renovar lazos, ayuda y cooperación con aquellas naciones que fruto del colonialismo y la historia comparten lengua y cultura con esa madre patria que un día fue la cabeza ejecutora de su estricto e implacable, autodenominado imperio. Ese donde no se ponía el sol y que enarbolando la superioridad europea, la cruz y la religión, codició oro, hombres, tierras y erradicó culturas, sin más remordimiento que aquel que la delicada lujuria le permitía, para una vez repuesto de su resquemor ufanarse en proclamar que todo desliz y tropelía fue en pro de la cultura y de la salvación de los hombres, al difundir la fe del único Dios.

La Historia, como cualquier pasado, es la que es. No tiene más remedio que su comprensión y no permite más acción que la de aprender de ella para proyectar las acciones que impidan reproducir sus errores. La sociedad actual y los líderes de los principales países reconocen las barbaridades cometidas y el genocidio causado por la colonización, pero con la apostilla: “Eran otros tiempos, no se puede juzgar desde la mentalidad de hoy día…” Como si de un accidente, producto de la casualidad y del infortunio se tratase, y no de la acción de una sociedad y unos valores que por sus consecuencias nos han llevado hasta el hoy.

Esos mismos líderes que se llenan la boca de democracia, libertad y modernidad, sin embargo son los mismos que alaban y reivindican la historia de aquellos próceres de la patria que expulsaron a los árabes y judíos, y que con la conquista de América y su genocidio subsiguiente, forjaron un imperio de cuyo pasado, curiosamente, se sienten orgullosos.

No ha de extrañar por tanto que la celebración de éste día, que según ellos simboliza la fraternidad de culturas y pueblos mediante una lengua común, se celebre con un desfile militar. Homenaje poco disimulado a la guerra, hoy llamada Ministerio de Defensa, que en forma de invasiones y saqueos dio lugar a la conquista y sometimiento de pueblos enteros, para mayor gloria de una cultura que más que expandir la caridad e igualdad predicada por el cristianismo, instauró el sometimiento y la desigualdad social que hoy sigue rigiendo las relaciones internacionales.

Todo nacionalismo tiene un carácter conservador, siempre me pareció una estratagema orientada a movilizar a las masas hacia intereses de raíz económica mediante el uso sensible del sentimiento de pertenencia y la magnificación de lo propio y único, para dividir y enfrentar. La Historia recoge ejemplos variados y contrapuestos, a veces como luchas justas para independizarse de un poder opresor, pero los tiempos deberían haber cambiado. El ser humano y las fronteras, deberíamos haber ya aprendido, son un anacronismo que fomenta la división y la desigualdad, pero la teoría y la práctica son caminos difíciles de unir.

España es un Estado con diferentes sentimientos y nacionalismos, la romántica idea de crear un país propio puede ser compartida o no, pero se nos olvida que la supuesta democracia que nos rige debería dar lugar a que sus gentes opinen y usen su voto para conseguir su ideal, estemos o no de acuerdo. Porque lo que se obvia es que también existe un Nacionalismo español, mismo sentimiento que guió a una guerra civil y que Franco impuso con su victoria, y que fruto de tanto años de dictadura fomentó las diferentes sensibilidades y nacionalidades, que en el caso catalán recientemente, tanta controversia han creado.

Ese nacionalismo conservador que aún se ufana en desfiles militares y que se siente con derecho de imponer su visión del mundo y de la historia, como si su razón fuera incuestionable y su fundamento apoyado por el mismo Dios. Olvidándose de que el juego democrático que dice representar debe integrar y no dividir, incluso a aquellos que no piensan como ellos. Quizá por esa intransigencia, los viejos fantasmas de división y de intereses han vuelto, porque aunque se hable de fraternidad, aún siguen soñando con una España que una vez fue un Imperio, pero olvidan que aquella fue una época de imposición, y no del consenso y comprensión que hoy aún se necesita y falta.

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El Valor de la Vida

publicado en: ¡Queridísimos Traidores! | 11
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Refugiados

No valen lo mismo las vidas de las personas. La frase suena tan mal como irrebatible refulge el hecho. Si reconocemos que más que las palabras, nos definen los actos, y en su desglose no cuentan las escasas excepciones, sino las tendencias generales, queda desmentido que la nuestra sea esa cacareada civilización igualitaria, justa y ética a la que nos han hecho creer pertenecer. Y sin embargo hagan una encuesta entre sus allegados y sobresaldrá una mayoría que afirmará creer en esa imagen social, interiorizada y nunca puesta en entredicho en la que sin rubor afirmamos que todos los seres humanos somos iguales. Así lo afirmamos saber y creer, aunque no es así como procedamos.

El autoengaño, no siempre tiene en cuenta los hechos asumidos y reales, aunque su aceptación sea pragmática y tácita, porque una cosa es afirmarlo y otra su práctica, por ello como colectivo también aprendemos a mentirnos; y los más extraordinario, a quedar convencidos y adoctrinados por nuestra, desde entonces, propia falacia.

Todos somos iguales, sin embargo que una personalidad pública lleve escolta, policía o que en caso de emergencia se pongan helicópteros y aviones a su disposición, no parece ser una contradicción, sino una eventual y lógica circunstancia. La muerte nos iguala, pero no es tu familiar quien abre un telediario aunque su valía humana, su ejemplo y su recuerdo sean el más grande de los tesoros para ti y los que lo conocieron, mientras el fallecimiento de un monarca, o de un dictador y asesino de masas copen la televisión y las sobremesas mediáticas, aunque la mayoría reconozcan su mala sangre y legado.

La suma de la preponderancia social y su repercusión frente al ciudadano medio, no importa de qué signo, desvirtúa ese reconocimiento igualitario y universal, como si por acuerdo implícito acatáramos que la situación social y económica añade un incuestionable plus que desnivela la igualdad. Somos seres sociales, comprensible si quieren, pero algo chirría cuando se toman a dos ciudadanos corrientes, por un lado a un barrendero, un jornalero, un dependiente, un camarero o un teleoperador, y por otro a un médico, un piloto, un político o un empresario. Integrantes de profesiones con consideraciones económicas y posibilidades de consumo bien diferentes, pero todos iguales de necesarios para el funcionamiento de una comunidad. Pero si fruto del desarrollo de su labor, uno puede mantener su calidad de vida adquiriendo una buena casa, un coche último modelo, seguros de salud privados, viajes, ocio, educación de prestigio y otro malvive para satisfacer sus necesidades básicas, recortando en salud, educación, alimentación y soñando con el milagro de la lotería para poder aspirar a la vida que le publicitan, como ocurre en la civilización actual; algo no sólo no cuadra, sino que los hechos niegan esa verdad utópica de la igualdad, y desdicen la verdadera naturaleza y rostro de nuestra civilización.

El drama humano de los refugiados y desplazados, subraya y señala sin dobleces esa esquizofrénica dualidad entre lo que se afirma y lo que se es. El valor de ese centenar de miles de vidas sólo se tiene en cuenta cuando la escena mediática los pone en escena, no porque el suceso acabe de comenzar, sino porque su presencia por miles en las fronteras de Europa se ha convertido en una tragedia difícil de obviar. Los años transcurridos desde el comienzo de la guerra en Siria y los enfrentamientos sangrientos en oriente medio, sólo eran hasta el momento una desgracia ajena y lejana, que no parecía interesar más que por sus repercusiones diplomáticas y comerciales. El valor de la vida de esos millones de seres humanos no se tenía en cuenta, porque aunque su existencia valiera lo mismo que la nuestra su desesperación y sufrimiento no llegaban a nuestra puerta.

Pero sí que otros muchos fueron llamando a nuestras puertas, por décadas viene ocurriendo en las fronteras del primer mundo, con pateras y barcos de inmigrantes que arriban o intentan la entrada en España, Italia o Grecia, muchos procedentes de conflictos armados de África, de situaciones de miseria extrema. Intentando escalar una valla con concertinas y siendo repelidos como si de una plaga indeseable ilegal y mafiosa se tratara. Sólo su número y la lejanía de sus conflictos quizá no los dejó ser tan copiosamente evidentes como para que la bien intencionada opinión pública europea, sintiera ese irrefrenable impulso de acogida y solidaridad.

Sólo hay que echar un ojo a los trabajos sobre los dramas africanos fotografiados por Sebastião Salgado en Burkina Faso, Somalia, Congo, Ruanda, Burundi, Sudan, Chad, Etiopia, Senegal, y un largo etcétera, para darse cuenta de que el problema no es algo nuevo y que la pasividad de la comunidad internacional y de los países democráticos y desarrollados siempre ha remarcado que la vida de un hombre no vale lo mismo. Sobre todo si no es de un compatriota y su drama está demasiado lejos como para que la opinión pública de mi país se pueda escandalizar y me pueda reclamar algún tipo de acción.

La paradoja procede también de ese carácter cristiano y ético que ha enarbolado el hombre occidental y del primer mundo, curiosamente cuanto más tradicional, conservador y apegado a la creencia religiosa, más defensor del sistema capitalista y del modelo que por siglos adujo que su expansión era con fines civilizadores y eucarísticos, para difundir la palabra de Dios y la ética cristiana de igualdad, cuando en realidad estaba imponiendo la desigualdad y la imposición de un juego que no busca el desarrollo igualitario, sino la imposición de una jerarquía de dominio.

Claro que una sociedad que en su propio seno crea distingos sociales tan injustos como los actuales entre la clase social en el poder y el resto, y esperar de ella que cumpla lo que proclama en su relación con otros países y pueblos, debería ser una evidencia sobre la que no cupiese más discusión que la de buscar soluciones. Aunque lamentablemente ese no es el caso. Basta con la tendenciosa insinuación de que los problemas del mundo sólo se deben a los propios pueblos y su falta de acierto para elegir gobernantes.

Pero el hecho pragmático y afectivo, no debe nublar el reconocimiento y la lucha por el cumplimiento de ese derecho equivalente para todos. Quizá su intención efectiva no se cumpla, pero no por ello su base ética y humanista sea falsa. Tal vez sólo sea cuestión de tiempo, de crear conciencia y cambio, para que su expresión se cumpla y poco a poco podamos hacerla realidad. Quizá el mundo pueda algún día afirmar y cumplir lo que promulga. Pero sin duda, hasta que la imagen de nuestra civilización se una con sus hechos, queda un largo camino por recorrer y un mundo de injusticias y desigualdades por transformar. Sólo nos falta, quizá, una verdadera intención de aquellos que en realidad pueden cambiar la civilización, y depende de todos nosotros, forzarlos a tomar el camino adecuado.

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Y si el Maquillaje Indujera al Deseo Lésbico…

publicado en: What If... | 2
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Cosméticos Bolleré

Fue una partida de la famosa marca de cosméticos Bolleré la que hizo saltar la alarma en la aldea irlandesa de Adare, en el condado de Limerick, cuando las devotas ganadoras de la rifa anual de la parroquia de la Holy Trinity Abbey Church empezaron a probar su premio. El cosmético variado y facial, que se sorteaba tras la colecta anual de donativos para las misiones en África, hizo que la cincuentona Sra Mc Woomen, esposa del alcalde, y la Viuda O´Cunt, justo cuando acababan de guardar sus espejitos tras usar el producto, sintieran la necesidad de besarse, sin previo aviso. El arrumaco de cuerpos que siguió, a pesar del tumultuoso estupor del público feligrés que sumaba más de cien personas, continuó por minutos interminables desatando el cariño de éstas, hasta entonces, intachables señoras católicas.

La alarma se difundió en la opinión pública cuando, en las semanas siguientes, similares hechos se presenciaron en Rutland, Jódar, Pontevedra, Anzio, Palermo, Valladolid y Pamplona; aunque ésta vez los pintalabios, la sombra de ojos, la base de maquillaje, el colorete y el delineador de ojos, supuestamente causantes del deseo, aumentara a tres el número de marcas señaladas. Los meses siguientes y el exponencial número de casos que se presentaron por el resto del mundo, y unidos a todas y cada una de las marcas comerciales, llevaron a la incuestionable sorpresa de que el maquillaje producía identidades lésbicas, aunque fuera momentáneamente. Y sin embargo, no parecía existir prueba científica que lo avalase.

Diferentes agrupaciones de lesbianas pronto lanzaron mensajes de queja por lo que consideraban una campaña publicitaria orquestada por las multinacionales del sector para aumentar sus ventas, arguyendo que el uso de cosméticos no implica, ni predispone a ninguna orientación sexual y que seguramente los sucesos debían responder a espontáneas muestras de afecto y de liberación de conciencia, causadas sin duda por el resplandor repentino de la belleza femenina.

La controversia no ha cesado, y si ese era el objetivo de las casas de cosméticos, la estratagema ha tomado un rumbo inesperado y contrario ya que muchas mujeres heterosexuales han dejado de maquillarse de la noche a la mañana, produciendo así un desastre de ventas sin precedentes en la industria, y sin embargo una explosión y mayor muestra de afecto público del deseo lésbico en todo el mundo conocido, que ha sido bautizado como el efecto Bolleré, en honor de la primera marca que desencadenó tal manifestación.

Las elucubraciones y habladurías desatadas en los medios han sido muchas, pero lo único cierto hasta la fecha es que Sra Mc Woomen y la Viuda O´Cunt, se han declarado pareja y viven juntas, y que desde ese día no se han separado y afirman estar muy enamoradas.

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Confesión de un Corruptor de Políticos

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Huido

Toda mi vida supe que sería famoso, no haberlo sido hasta hoy por circunstancias tan opuestas a mis fantasías, ha favorecido mi anónimo derroche de lujos. Viví tal cual viven los famosos, cuya notoriedad esquivé, pero cuyo estilo de vida compartí.

Siempre permanecí en segunda, tercera o cuarta fila. Guarecido, seguro y más voraz que todos aquellos que copaban el poder y el foco público, para hallar, en las ventajas de su posición, las decenas de triquiñuelas que con su complicidad, nos garantizaran un beneficio incesante e impune.

En mi exitosa trayectoria he conocido a grandes mujeres y hombres, cuyos nombres se asocian con decoro y pompa, como presidentes, ministros, artistas y banqueros. Reconozco que al principio se me aceleraba el pulso y hasta me temblaban las piernas. Pero el adorno de su fama sólo impresiona las primeras veces, cuando uno está verde. Después sólo es su capacidad de poder, lo que se antoja.

Cuando conocí al primero presupuse, como cualquier ciudadano medio, que la altura de su posición se equipararía con su inmaculada valía y rectitud, por ello tanto llamaron mi atención y me confundieron, sus debilidades. Yo no era más que su chófer, y la mía irónicamente tras ser sorprendida, en lugar del despido me abrió la puerta de la suya, que resultó ser compartida y no la única. A partir de entonces yo fui su “dealer” y cuando su onza me fue intervenida por la policía y me hizo perder el trabajo y probar la cárcel, la rabia por sus palabras de indignación y desprecio a la prensa porque alguien que trabajaba para él fuera un drogadicto, me hizo, durante aquellos 16 meses privado de libertad, recapacitar y comprender.

Claro que su comprensión llegó un pelín tarde, aunque al menos visto con perspectiva me evitó optar a un primer plano, porque hasta ese entonces yo más que nada soñaba con la fama y con mis antecedentes eso ya no sería posible en política, a pesar de mi casi terminada carrera de abogado y mis planes. Pero los frutos que la vida me ha dado, me han hecho apreciar la planificada voluntad de mi destino. Al menos no podrán acusarlo de dejar de cobrarme entonces su precio, y como ya saben, en éste para mí maldito ahora.

Al recobrar la libertad vislumbré, que adecuadamente tratadas, aquellas debilidades serían mi ascenso y mi seguro, porque en ellas hallaría las claves que me darían acceso, no sólo a ellos, sino a crear la atadura que aseguraría los numerosos negocios que por su mediación, mi mente planeaba.

La droga que había sido mi puerta de salida, una vez eliminada de mis necesidades, también supuso la de mi nueva entrada. Fue fácil, más de lo que me había imaginado, bastó con sondear antiguas puertas y ofrecer con discreción, calidad y buenos precios. Los secundarios no tardaron en hacerme alcanzar la confianza de un subsecretario de Estado, después, unas grabaciones comprometidas sirvieron para hacerme ganar un “concurso” y mi primer gran contrato.

La droga es un hilo conductor, pero el único importante y semejante a prácticamente todos es el dinero. El peso de sus diferentes egos, vicios y “extrañas aficiones” puede que directamente no apunte a él, pero sin duda es el único medio que conocen, anhelan y persiguen para satisfacer sus debilidades. Así que para ir escalando no me conformé con un puñado de contratos, unas cuantas sociedades y una vida resuelta. Igual que ellos, cuanto de más alta posición eran mis relaciones, más lujos y espejos encontraba en mi ascenso, en los que quería mirarme e igualar. Mi ventaja era que yo no tenía que responder a una ideología, estructura política o al control mediático. Mis servicios se diversificaban y atendían a un interés común, unas veces hacía de enlace entre aquel empresario que tiene dinero y un cargo que puede adjudicar una obra, otras conseguía testaferros en paraísos fiscales para ocultar el dinero de ambos, incluso podía facilitarles la discreción y privacidad de una fiesta tumultuosa, sin escatimar en seguridad, droga y sexo variado. Y a cada paso del camino iba acumulando grabaciones comprometidas, que podían dormir durante meses o años, pero que llegado el momento terminaban por reglar relaciones y compromisos, cuando los poderosos pensaban que yo ya no era necesario.

El número y nombre de los implicados fue creciendo a lo largo de los años, así como su pedigrí y caché. No creo que en mi lista falte ningún segmento importante de la vida social: jueces, políticos de todo signo, directores de periódico, futbolistas, nobles, empresarios, militares, actores, cantantes, millonarios, presentadores de televisión… Por ello me resulta tan difícil creer en lo que me está pasando.

Cuando mi cara salió en televisión y en la prensa internacional, yo estaba en el otro lado del mundo, y allí seguiré, seguramente ilocalizable. Porque no se atreverán a encontrarme y a dejar que exponga todo lo que sé, no simplemente por mi boca, sino por el material sensible que saldría a la luz pública, no sólo de gente importante de mi país, sino de dirigentes y grandes famosos de todo el planeta. Esa sigue siendo mi seguridad y mi arma secreta, preparada para que copias de todo el material lleguen a muchos medios y personas en caso de mi muerte o apresamiento.

No me escandaliza lo que ha salido en la prensa y televisión, lo dicho sólo es una pequeña porción de la verdad. Pero me indigna que al final tenga que huir y recluirme como un hombre corriente. Tal vez pierda calidad de vida, patrimonio y parte del dinero, quizá hasta deba sufrir algún ajuste de cirugía estética, pero estén tranquilos querida Opinión Pública, las gentes como yo no vamos a la cárcel. No somos tan diferentes de los famosos y grandes dirigentes políticos, sabemos mucho y tenemos muy buenos contactos.

Me han defraudado, y por ello se lo comparto. Sé que de todas formas no podrán cambiar mucho, si acaso un voto. Pero también me aseguro de que todos los que me conocieron teman. Aún no diré nombres, pero si caigo, esperen una larga retahíla de sorpresas y escándalos, con drogas, recalificaciones, robos, asesinatos, pederastia y lujo, mucho lujo y grandes nombres implicados. Supongo que muchos estarán deseando que algo así pase. Pero les advierto, es poco probable. La vida real es más pragmática y retorcida que las películas, sobre todo cuando de política, dinero y corrupción hablamos. ¿Si supieran cuántos escándalos se han solapado…? Probablemente habría revueltas en todo el globo, aunque seguramente preferirían no creerlo, es lo que durante toda su vida les han enseñado.

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Y si la Identidad Transgénero fuera signo de Santidad…

publicado en: What If... | 3
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Identidad Transgénero

Todo debió recomenzar con Juana de Arco, la santa, mártir y adolescente guerrera que a principios del siglo XV lideró a los franceses contra la invasión anglosajona y que siempre vistió y se comportó como varón, pero sus antecedentes brillan ya en la antigüedad de diferentes culturas, como la grecorromana con la Diosa Castalia griega que comprendía y consentía a aquellos cuyas almas femeninas se encontraban recluidas en cuerpos masculinos y a las sacerdotisas Gallae de Roma que cambiaban su género de varón a hembra tras la autocastración de sus genitales. Pero la reinstauración de la transexualidad como signo de Santidad comenzó en América con la rebelión de los Muxes allá por la guerra de la Independencia Mexicana, cuando en 1812 estos integrantes de la cultura zapoteca del istmo de Tehuantepec, en Juchitán, Oaxaca, considerados y respetados como el tercer sexo por ser personas nacidas con genitales masculinos pero que asumen roles femeninos, conminaron a las tropas realistas a que se rindieran, en lo que significó la Toma de Oaxaca por el ejército insurgente, sin derramamiento de sangre. Milagro que los rendidos justificaban porque a través de los Muxes, oyeron sin duda la voluntad pacífica y divina de Dios.

Desde entonces no sólo se ha reconocido el hecho transexual o disforia de género como una cuestión que en nada tiene que ver con la cultura o la moda, como lo prueba que a lo largo de la historia y en todas las civilizaciones se tenga constancia de ello, con el Emperador Romano Heliogábalo que se sentía mujer y que buscó médicos que pudieran operarla, o Santa Wilfrida o Librada (según las versiones) princesa portuguesa del Medievo que para evitar su boda rezó a Dios para que borrara sus atractivos de hembra y éste le concedió barba y masculinidad, como algunos entre los muchos ejemplos históricos. Sino que la sabiduría popular los ha identificado con la santidad como ha ocurrido recientemente con Dana International, que tras operarse en 1993 y ganar Eurovisión un lustro más tarde para Israel y crear entonces mucha controversia, hoy está considerada una santa por gran parte de la población judía por abrir las mentalidades de una sociedad tan tradicional como la israelí.

Pero el caso más sorprendente y reciente que ha terminado de convencer a gran parte de la opinión pública y que ya ha creado la creencia de que los transgéneros están señalados por la divinidad, es el caso del actor que encarno a la primera gran Drag Queen, Divine, Harris Gleen Milestead. Cuya tumba fue exhumada para trasladar sus restos a un monumento erigido a su nombre, y que en el traslado se comprobó que no sólo su cuerpo se había preservado incorrupto y en perfectas condiciones, sino que además inexplicablemente éste correspondía al de una mujer y no al del hombre que murió. Como si las palabras del reverendo que le dio sepultura y sepelio fueran proféticas a pesar de su muerte: “…arrancado justo cuando se estaba convirtiendo en quien realmente era y el mundo nunca verá cómo aquella flor podía haberse revelado.”

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El Hombre que Caminaba sobre la Luna

publicado en: Relatos y Literatura | 8
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El Hombre de la Luna

El hombre corriente mira a la Luna y se imagina que la alcanza, el loco o el extraordinario da un paso más, y elucubra con el aspecto que tendrá su hogar visto desde la Luna misma. Hoy las sondas espaciales y los satélites han disuelto con realidad la osada maravilla de aquella imaginación. Pero hace unas décadas, cuando la ignorancia del espacio era norma, conocí a un hombre que poseyó tamaña osadía y que afirmaba, no sólo practicarla, sino haberla logrado.

Las habladurías del pueblo añadían, a las muchas otras hazañas que desparramaba en sus paseos, detalles que su desmemoria rechazaba con vehemencia. Porque aunque cada día que los veía los saludara como a desconocidos, no se dejaba embaucar por los añadidos que de sus propias historias oía, y aunque asombrado de que conocieran sus vivencias y anteponiéndose a su naturaleza huraña, para rectificar a sus paisanos les relataba, palabra por palabra, aquel sueño vívido que estaban deformando, sin añadir una coma y sin jamás variar un ápice su relato.

La primera vez, oí su imagen de labios de mi abuelo. Lo conoció en otro tiempo, y su coraje al relatar las burlas de los chiquillos, denotaba una cierta pena y una advertencia severa hacia nosotros, como previniéndonos de que si se enteraba de que alguna vez hacíamos lo mismo, se avergonzaría de que fuéramos sus nietos. Su descripción física y moral de aquel mozo que una vez fue su amigo, no evitó que yo lo imaginara anciano, decrépito y más mugriento que aquel trapero que con su mulo y su carreta, rondaba cada semana las calles del pueblo. Por eso me sorprendí tanto al conocerlo.

Sabía dónde vivía, su casa subida a un montículo y rodeada de lo que debió ser una amplia huerta y que entonces era una extraña mezcla de basura y malas hierbas, estaba al final de aquel baldío donde mis amigos y yo solíamos jugar, y del que nunca lo vimos salir. Rara vez encendía la luz, y cuando aquello ocurría no faltaba algún compañero de juego que empezara a relatar su locura y las veces que lo habían encontrado en el paseo del pueblo, extrañados de que aún no me lo hubiera topado. Yo entonces, azorado, concebía algún recado olvidado y los dejaba con el chisme a medio hacer, corriendo, sin saber muy bien por qué, dolido y con una incómoda sensación de culpa, que sólo se disipaba al vislumbrar mi casa.

Resulta curioso cómo al volver la vista atrás, refulgen los detalles pasados por alto. El día del encuentro había soñado mucho, pero su fuerza tan cotidiana en la niñez y hoy perdida, no parecía ser más que un juego desvinculado de la realidad que me encontraría esa tarde. Ahora sé que no era así, o acaso el sueño de aquel día, en el que alcanzaba la Luna, no es más que una creación urdida por mi juguetona memoria y la escurridiza lejanía del pasado.

Era domingo y como era costumbre me había arreglado para desfilar con los amigos y gastar la pequeña paga semanal en chuches y aviones de plástico, cuando, entre vuelta y vuelta por el paseo del pueblo, la chiquillería comenzó a correr para unirse a una pequeña congregación que seguía a un hombre. La distancia me impedía distinguir sus rasgos, pero un vuelco en el estómago me bastó.

Supe que era él, pero esta vez mi negativa no podía engañar a mi primo que no sólo se burló de mis huidas, sino que me agarró y a empellones me obligaba a unirme al espectáculo. Su corpulencia y edad, que nos separaba por dos años, se unió a las ganas que me tenía desde la mañana por una regañina recibida y de la que me creía causante. Forcejeé, pero a mitad de camino y cuando ya me sentía vencido, algo ocurrió. Siempre pensé que fue la manera en que destrozó mi avión de juguete recién adquirido, pero hoy recuerdo un comentario doliente como desencadenante de mi pronto violento y audaz. No sé muy bien el orden, sé que incluí arañazos, patadas y manotazos, pero lo que importó fue el resultado, y en éste él se vio en el suelo y yo en su pecho, poco antes de salir zumbando, con sus gritos y amenazas desvaneciéndose en mi carrera.

Había caído el sol cuando con las primeras sombras oí un ruido. Como solía, cuando me sentía triste, enfadado o incomprendido, me había escondido en mi refugio, una casa abandonada con un amplio jardín que por su fama rara vez y sólo en grupo los chiquillos se atrevían a visitar, pero que para mí significaba intimidad y una privacidad que sólo ese día tuve que compartir. Mi sien izquierda se aceleró y mi aguzado oído guió mis movimientos silenciosos al incorporarme y buscar un escondite. Pensé que sería mi primo o algún amigo, pero la figura que perfiló la luz de la Luna y que se sentó en el mismo lugar que yo había ocupado era la de un hombre, que aunque veía por primera vez, no tardé en reconocer.

—¡Hola, espero no molestarte! Yo también vengo a este lugar cuando necesito pensar, si te incomodo me marcharé, si no es así te puedes acercar, quizás nos haga bien un poco de conversación.

Tardé en salir, pero no por miedo. Me detuvo la revisión de sus rasgos, porque algo en esa afabilidad enigmática que parecía encauzar la luz Lunar, me resultaba demasiado familiar para ser la primera vez que lo veía. A pesar de que la edad era evidente en su plateado cabello, sus facciones tenían un algo intemporal y una expresión pícara de adolescente que no tardó en generarme confianza. Sin mediar palabra, y mientras él parecía escudriñar el plenilunio, me senté a su vera.

Debieron pasar minutos antes de que nuestros ojos se encontraran. Su mirada estaba clavada en la Luna, como si nada más existiera, como si hubiera olvidado que yo estaba allí o como si, de alguna forma, una parte de él se hallara muy lejos de allí. Al principio lo imité, pero la noche y sus estrellas no me cautivaban más que aquel rostro, al que terminé dedicando mi entera mirada, fascinado por aquella familiaridad que musitaba un inaprensible misterio.

—¡Qué maravillosa es la Luna!, ¿no crees? ¿Has estado allí…? No, claro, supongo que dirás que no, como todos esos que hoy se burlaban de mí. Pero tú eres diferente, lo siento, lo sé, ni siquiera te importuna mi ropa vieja y descuidada. Creerás que soy un loco, pero me resultas familiar ¿nos conocemos?

—No, no creo señor. Quizá me ha visto antes aquí, como dice que de vez en cuando viene…

—Lo recordaría, porque hasta este día siempre he venido en sueños, y los sueños son lo único que recuerdo con claridad. La vida de diario, no sé por qué, se me olvida, como si se hubiera tornado una pesadilla olvidadiza y difícil de recuperar. No sé si me entiendes.

—Claro, eso es lo que a veces me pasa a mí con los sueños y lo que creo que le pasa a la mayoría de la gente. Es como si los sueños se hubieran vuelto su única vida de verdad.

—No es cómo, es que los sueños también son realidad, lo que ocurre es que al despertar lo olvidamos. Yo sin embargo he conseguido lo que el hombre corriente sueña, quizá por eso me cuesta tanto recordar cuando estoy despierto y por eso escribo en papel cada uno de mis sueños. Por ejemplo mira arriba, ¿te gustaría visitar la Luna, verdad?, pues yo lo hago cada noche, pero aunque es maravillosa, lo más grandioso es ver la tierra desde allí arriba. Te voy a contar uno de mis sueños, escucha: “La agrisada superficie de la Luna posee miles de tonos multicolor cuando caminas sobre ella, pero es nuestro hogar, el azulado planeta Tierra, lo primero que capta nuestra atención…

Supongo que los ojos del niño que fui debían expresar fe y entusiasmo, porque su relato pormenorizado y alegre se demoró en detalles que no siempre yo exigía, pero que sin duda me hicieron pedir más y quejarme cuando, tras más de 13 relatos, afirmó que ya era tarde y se iba.

Mi ensimismamiento estaba tan apegado a la fantasía que desbordaba mi imaginación, que en el camino de regreso a mi casa, no reparé ni por un segundo en la hora. Descuido que mi madre y mi abuela, con sus alharacas dramáticas e indignadas, cuando me vieron enfilando la calle, me hicieron pagar con regañina y azotes por llegar cerca de la una de la noche. En mi defensa no aduje más que el altercado con el primo, y en lugar de la costumbre de llorar y quejarme, me mantuve sereno y sumiso, circunstancia casual que a partir de entonces me enseñó la estrategia perfecta para acortar los rapapolvos. Pero aquella noche la única prioridad era ir a la cama, el inflexible mandato de las matriarcas mientras el resto de la familia disfrutaba, a la puerta del hogar, del alivio nocturno del verano, no fue en modo alguno un castigo, sino la concesión de una urgencia placentera.

Nada más terminar el encuentro, mi mente sólo pensaba en dormir. Deseoso de seguir los pasos de aquel soñador y poder contemplar yo mismo aquellos templos gigantescos, que según él, habían construido los mismos dioses en la Luna, para después sumergirme en el océano y bucear entre los restos de civilizaciones perdidas, antes de que el hombre creara la historia. Pero los nervios, quizá por su advertencia de que dominar los sueños nos lleva a desapegarnos de la vida material, como era su caso, y el miedo de ser el causante de que la vergüenza y la mofa cayeran sobre mi familia, me produjo insomnio y una vez dormido, pesadillas.

Los días siguientes no fueron diferentes, aunque en la vigilia pasara horas sin fin imaginando la hazaña de sus relatos conmigo de protagonista o acompañante, porque las noches se llenaban de nervios y sueños extraños, muy diferentes de mis típicos sueños en los que conseguía volar y convertirme en el primer niño superhéroe. Esos días estuve raro, mi madre pensó que tal vez tenía anemia porque rehuía a mis amigos y siempre andaba solo y meditabundo. Lo cierto es que buscaba la soledad para, en el momento en el que nadie me observara, dirigirme a mi refugio, con la esperanza de que “el hombre de la Luna” volviese; pero nunca volvió.

La noticia de su fallecimiento me la dio mi primo semanas más tarde, con ese brillo malicioso que despedían sus pupilas cada vez que buscaba animales a los que maltratar. Supongo que fue la última vez que corrí al huir su nombre y, como no podía ser de otra manera, fui a mi refugio. No era el primer contacto con la muerte de mi corta vida, pero sí me sorprendió la hondura del golpe y el sentido llanto que solté aquella tarde. No podía quererlo como a mi tía o a mi abuelo, pero había soltado más lágrimas por él, que por ellos. Como si algo hubiera cambiado en mí en aquellos días, como si de alguna forma el total de la experiencia fuera un curioso y anómalo paso de aprendizaje y maduración. Por extraño que pueda parecer, el caso es que así fue, el niño juguetón que fui no dejó de serlo en lo esencial, pero cierta inocencia perdida y una madurez repentina aparecieron desde entonces en mi carácter.

Al abandonar mi refugio anduve sin rumbo fijo, aliviado, triste, y a la vez contento de haber disfrutado de aquel contador de fantasías vivaces y maravillosas, aunque sólo hubiera sido una larga tarde de verano. Aquel loco para todo un pueblo, que contaba sus visitas al interior de las cámaras secretas de las pirámides y sus encuentros con alienígenas, había sido para mí una especie de maestro, un ejemplo inasumible e inspirador, como mirarse en un espejo imposible e insensato que la benevolencia de un niño había transformado en magia. Aún hoy siento que de alguna forma me dio un regalo inefable. Quizá ese que explique mi tendencia a soñar con lo imposible y a contar historias, como si él y yo hubiéramos sido o fuéramos la misma persona.

Mis pasos, medidos por una voluntad inconsciente, me despertaron frente a su casa. Había alboroto y ruido de gente en su interior, supuse que serían sus herederos, ávidos de entrar en una casa a la que nadie había accedido en años. Fuera, había una pequeña lumbre que un hombre alimentaba con lo que parecían ser montones de papeles viejos y revistas. Imaginé que entre ellos estaría el pormenorizado relato de sus sueños, ese legado que orgulloso sentía que rehabilitaría su fama y que le otorgaría un lugar de honor entre los hombres de todos los tiempos, ese compendio de fantasías que un día prometió dejarme leer.

No pude dejar de intentarlo, aproveché que el hombre que alimentaba el fuego abandonó su puesto y salté la valla de la huerta para después correr sin dudar hasta el fuego, pero justo cuando me inclinaba a revisar el amasijo de papeles que aún estaban intactos, un grito de denuncia seguido de maldiciones me forzó a escapar por donde había entrado. Esperé agazapado a una prudente distancia, hasta que el atardecer hizo acto de presencia y con su llegada un viento repentino me hizo llegar un resto de papel quemado, que guardé. Sólo entonces el hombre descuidó su hoguera y se metió en la casa. Acercarme, sólo sirvió para atestiguar que sólo quedaban cenizas.

Aquel trozo de papel quemado, que todavía conservo, tornó mi vuelta a casa un tanto menos agridulce. Demoré su lectura hasta que estuve sólo y encerrado en el baño, y aunque su texto estaba incompleto, recordaba todas y cada una de las palabras que conformaban su relato.

Comenzaba así: “La agrisada superficie de la Luna posee miles de tonos multicolor cuando caminas sobre ella, pero es nuestro hogar, el azulado planeta Tierra, lo primero que capta nuestra atención…

A la memoria de G.

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Y si se Borraran todos los Datos Bancarios…

publicado en: What If... | 25
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Dinero

El primer caos con tintes apocalípticos ha llegado en forma de desaparición de todos los datos bancarios tras la gran tormenta solar sufrida por la tierra en la última semana. Tras inutilizar todos los satélites, los GPS y paralizar la red eléctrica del mundo, causando la destrucción de repetidores y líneas de alta tensión en medio planeta, el primer resultado es que los grandes servidores que contenían los datos bancarios de millones de clientes han sido borrados, así como los discos duros de todos aquellos aparatos que en el momento de su llegada a la tierra estaban conectados con la red eléctrica.

Aunque muchas instituciones bancarias afirman que tienen copias de seguridad de todas sus cuentas y clientes, lo cierto es que ninguna operación bancaria se ha podido realizar en las últimas dos semanas, e incluso algunos bancos ya han confirmado que inexplicablemente han fallado aquellas bases de datos que contenían las copias de seguridad de todos sus activos, haberes, cuentas y depósitos, por lo que retomar sus actividades y poder utilizar los datos en papel, les llevará meses y supondrá una ínfima porción de la información perdida.

El desastre ha paralizado la economía mundial ya que las tarjetas bancarias no se han podido utilizar y las revueltas por todo el planeta se suceden con saqueos a centros comerciales y establecimientos de todo tipo, ya que la falta de efectivo ha extendido el miedo en la mayoría de la población y el abastecimiento de los productos básicos se ha paralizado, haciendo que la mayoría de gobiernos del mundo hayan tenido que decretar el toque de queda y desplegado el ejército para contener los saqueos.

Internet que también sufrió el golpe de la tormenta solar y que durante la primera semana dejó de funcionar al igual que la comunicación por móvil, ha sido uno de los primeros servicios restablecidos parcialmente, pero los datos de perfiles y redes sociales en su gran mayoría han sido borrados, convirtiendo algunos foros en los únicos lugares donde los rumores y las noticias sin confirmar fluyen como la pólvora, aumentando la inseguridad y las hipótesis sobre lo que realmente ocurre en medio mundo, propiciando una histeria colectiva que según algunas fuentes no contrastadas ha hecho que el caos y la violencia para conseguir comida y productos básicos, cause miles de muertos en las grandes ciudades de medio mundo, especialmente en Norteamérica y Europa.

Aunque la televisión no para de transmitir mensajes institucionales que apelan al sentido común y a la tranquilidad, la falta de noticias y los anuncios de que todo se solucionará en pocas horas, ya no convence a nadie tras las dos semanas transcurridas. Incluso circulan algunas hipótesis de que al igual que los datos bancarios, los gobiernos han perdido la mayor parte de su información sobre ciudadanos, administración y gobierno y cuya recuperación, a día de hoy se antoja incierta.

Si la situación no presenta un cambio radical en la información perdida, la reconstrucción del mundo tal y como lo conocíamos puede tardar décadas, ya que el dinero se habrá volatilizado y será imposible confirmar la cuantía que cada ciudadano poseía, lo que obligará a inventar un nuevo sistema económico y social. El capitalismo ha muerto, afirman algunos economistas, de la forma más inesperada. Lo que augura una revolución forzosa y un cambio económico que puede dar lugar a un mundo sin tantas diferencias entre ricos y pobres, pero que también puede llevarnos a una crisis interminable. Los próximos meses serán claves, aunque las perspectivas no son muy tranquilizadoras.

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Y Si Shakespeare hubiera Nacido en la Actualidad…

publicado en: What If... | 11
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Shakespeare Blogguero

Hace apenas seis meses el nombre de Will Shakespeare, seguramente a la mayoría de ustedes, no les diría nada, a menos que pertenecieran a esas contadas decenas de seguidores, que en contra de una mayoría de internautas, seguían su blog. Pero hete aquí que tras lustro y medio de posts y autoediciones de su obra en formato ebook, con nula repercusión y casi más menguadas ventas, porque ni sus propios seguidores compraban sus dramas, comedias y poemas; la irónica y caprichosa musa viral de la globalización, ha tornado su mirar a su barroca figura y desbordado lenguaje.

Todo comenzó por un despiadado artículo de un mediocre escritor y crítico literario del Periódico el Norte de Castilla, que como trasfondo de su intransigente dictado del devenir literario y del oficio de escritor, nombraba de refilón un post del susodicho Will, como ejemplo de escritura kitsch, cursi, y en todo alejada de la buena y verdadera literatura. Tamaña maldad e inquina gratuita (al parecer debida a su fracasada vida sentimental y literaria), por casualidad llamó la curiosidad de un reconocido autor, algunos dicen que de Arrabal, otras fuentes afirman que del mismísimo Paul Auster, que rió con tanta majadería, que al parecer le traducían.

El caso es que uno de ellos, o ambos si el argumento fuere menester, sintieron el irrefrenable impulso de comprar alguna de sus obras, no del crítico a Dios gracias y a mayor gloria de la buena literatura, sino del desconocido Shakespeare. El irrefrenable placer y la cascada de emociones, aliñada con una mescolanza de culpa y urgencia, los conmino a comprar el resto, releer sus posts y finalmente a difundir sus excelencias a todo aquel que a su paso, o en su camino literario se encontraren, de resultas que varios editores intrigados y ambiciosos, trataron de localizarlo. Primero escribieron algún comentario en su blog, además de largos exhortos en forma de correos a su e-mail para que los contactara. Luego, ante su incómodo silencio, trataron y consiguieron localizar a alguno de sus escasos seguidores, logrando no más que desconocimiento, incomodidad y poca participación. Finalmente descubrieron la trágica noticia.

Aquel articulito prepotente y maledicente, no hubo de padecer la fortuna de caer en manos de dos verdaderos escritores, sino en tres, y esa tercera parte le tocó al citado y, hoy por fin reconocido, William Shakespeare. Claro que para él la espiral de esa gota no fue el principio, sino el colmo. Sobre su último acto no dejó escrito alguno, pero se supone que cansado de tanta falta de reconocimiento y esfuerzo, decidió quitarse la vida. Hoy sus obras comienzan a venderse, quizá por el morbo que ha despertado su caso, y quizá también porque a pesar de la calidad indudable que cada una de ellas atesora, el mundo digital y global, no sabe distinguir la calidad de la paja y sólo se mueve por modas, y aunque tarde para él, la suya ha llegado. ¿Cuántos no habrá como él y cuántos no pasarán desapercibidos? La única seguridad, es que nunca lo sabremos.

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La Juzgada Vida de Los Otros

publicado en: ¡Queridísimos Traidores! | 13
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La vida de los Otros

La vida de los otros, siempre resulta más fácil de dirimir que la propia. Sus decisiones, fallos y vericuetos existenciales a lo largo del camino, se evalúan y sentencian con una claridad de propósito de la que invariablemente carece la propia existencia, tal que una brumosa dolencia, achacable al primer plano y a los sentimientos que ésta genera, supusiera más inconveniente que ayuda en la consecución de la voluntad.

Si fuéramos el otro, no habríamos caído en la argucia de aquel amor, que en la distancia y con la resolución de los años, se mostró tan fútil, traicionero e interesado, como habíamos previsto, y cuya advertencia por nosotros y por otros, tantas veces desoyó nuestro querido conocido. Pero idéntico parecer se desprende si hubiéramos tenido aquel apoyo, aquel contacto, aquella fortuna familiar, aquel golpe del destino…

Más allá de la prepotencia, el chisme, la superficialidad o el engaño, quizá subsista una verdad tan incuestionable como imposible de ejecutar, y es que la distancia y la perspectiva de aquel que mira desde fuera, permite sopesar y decidir sin ataduras sentimentales. La vida, sin nosotros en su centro, parece más nítida y fácil. Lástima que esta habilidad no nos sirva para decantar el rumbo de nuestra existencia. Si acaso para desgranar las causas y acciones pasadas que dieron forma a nuestro presente.

Una vez extrapolada la certeza, el sentimiento se convierte, por sí mismo, en la despejada incógnita que formulará en sus variables, nuestra voluntad y rumbo. Sin él no somos más que instinto, pero sin él la lógica y la razón podrían tomar el mando y paradójicamente la humanidad sería más productiva, eficiente, justa, predecible, segura, tal vez mucho más cruel, y con toda seguridad una sociedad mucho más inhumana.

Las contradicciones sesgadas por el amor y el odio nos conforman, por mucho que se nos llene la boca y las intenciones de grandes palabras y principios, porque el sentimiento termina inclinando la balanza. Ese mismo sentir que enfrenta a los países y que difumina la equidad y la justicia de la economía y la política, para primar los propios intereses con la identificación patriótica de excusa y base. Ese sentimiento que nos enlaza y nos une, también fundamenta la razón que nos opone. Porque con su vehemencia olvidamos que la pertenencia y los sentimientos de los otros tienen el mismo origen y valor que los nuestros, sólo que con distintas circunstancias.

Si fuéramos el dueño de una fábrica, no contrataríamos niños. Si fuéramos una madre, nunca incitaríamos a nuestra hija a ejercer la prostitución. Si fuéramos pobres tendríamos la dignidad de trabajar en lo que fuera, con tal de nunca robar. Si fuéramos multimillonarios utilizaríamos nuestra inmensa fortuna para promover el bien. Si fuéramos políticos jamás defraudaríamos a los contribuyentes. Si fuéramos aquel terrorista que prepara un atentado, decidiríamos no cometerlo. Si fuéramos el policía que tiene asignado un desahucio, reclinaríamos participar en su cometido, incluso tal vez nunca hubiéramos optado por esa profesión. Pero si éste último nos dijera que su padre lo fue, comprenderíamos sus razones aunque no las compartiéramos, e igual nos ocurriría si conociéramos las circunstancias e historia personal de cada persona a la que la distancia y el desconocimiento nos hace juzgar con valores éticos rotundos. Más allá de que estos existan, los creamos y defendamos, se nos olvida contemplar los desconocidos contextos que explican cada una de las singulares vidas.

La idealidad moral que nos hace incomprensibles las acciones de aquellos que la incumplen, nos contenta con etiquetas manidas, que pueden calificar con propiedad algunos hechos, pero que también nos alejan de la verdad y su comprensión. Entender y justificar no es lo mismo, pero dejar de indagar no nos hace ser más justos, aunque sí más manipulables.

Desde esa situación práctica y cotidiana, la avalancha de noticias se convierte en un acto de fe, el hecho revelado suele tapar con su instantánea, muchos otros que las fronteras y la propia rutina nos hacen despreciar. El sentimiento está creado y llegado a tal extremo, las circunstancias nos importan poco. La vida de los otros ya está juzgada.

El hecho de la deuda Griega, es decir su condición certificada de deudor, da derecho a la legalidad a reclamar las condiciones pertinentes, sin que el ciudadano medio alemán, francés, inglés o español, se detenga a dudar, ni tan siquiera por un momento, sobre su proporcionalidad. La deuda como realidad perenne y protagonista, presentada sin trasfondos por los medios y los políticos, justifica una barbarie más propia de otros tiempos, que de una civilización que se presenta como la más avanzada, justa y democrática que jamás ha existido. Como si la culpabilidad alcanzara a cada griego por igual y su pago necesario implicara la lógica condena a la miseria y a la pérdida de su dignidad.

El origen, interesadamente se obvia, plagado de políticos tradicionales corruptos y cuya honorabilidad nunca se puso en duda, como sí se ha hecho desde el principio con los actuales por poner en entredicho el origen de una deuda, de origen privado y bancario en su mayoría, y que a resultas de las condiciones de austeridad de la Troika no sólo ha aumentado la herida, sino que ha propiciado la rapiña, obligando a la venta de los sectores públicos, a recortes sociales y laborales, y a diezmar las pensiones, con el resultado práctico de que lo adeudado será impagable; como certifican dos premios Nobel de economía, nada sospechosos de izquierdosos o antisistema.

Los hechos nos expresan, no sólo como individuos sino como sociedad, y en su justificada barbarie se revela la verdadera condición de nuestra civilización. Quizá para la mayoría sea más fácil pensar que simplemente el problema se lo han buscado ellos, y que si deben, han de pagar. Al menos es lo que cualquier persona decente haría ante una deuda, es lo que dicta la lógica, desprovista de sentimientos. Igual deben pensar los terroristas islamistas, en su caso con igual desconocimiento de las circunstancias de sus víctimas, pero con exacerbado sentimiento. Pueden ser incultos, pero no matan por ignorancia, sino por odio, venganza y pertenencia a una zona del globo que quizá ha vivido una invasión de una civilización que se autoproclama democrática y libre, y que sólo sembró guerra y dolor, aunque su slogan era de libertad, justicia y progreso, al menos ante los ciudadanos de sus países.

Sus consecuencias son brutales e injustificables, sobre todo cuando llegan a países civilizados, pero sí parecían serlo cuando los daños colaterales eran fruto de su buena voluntad, ya fuera en Irak o Afganistán, por poner sólo dos casos. Curiosamente el reconocimiento no ha sido el previsto, quizá porque los coletazos prueban aquello de que sólo se recoge lo que se siembra. Quizá porque la vida de los otros, siempre es más fácil juzgarla y dirimirla en la distancia, ya que aunque su fundamento sea falso, al menos sí que nos deja una conciencia más tranquila.

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Y si bajo la Esfinge se escondiera una Biblioteca…

publicado en: What If... | 6
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esfinge

El descubrimiento de una gran estructura bajo la Esfinge gracias a la utilización de nueva tecnología basada en pulsos láser para trazar un mapa digital en tres dimensiones, ha sacado a la luz un amplio complejo situado bajo las extremidades de la famosa escultura arquitectónica de Egipto. Debido a la relevancia del lugar y a que prima la conservación de tan carismático sitio, aún no se han concedido permisos para iniciar una excavación, pero sí se ha podido introducir un pequeño robot con cámara que ha recorrido gran parte del complejo y que ha mostrado que básicamente su contenido es el de cientos de miles de rollos de papiro y algunos objetos y esculturas que aparentemente no pertenecen a civilización alguna conocida. Lo que ha hecho afirmar a los arqueólogos que sin duda es el hallazgo de una extensa biblioteca que puede contener gran parte del conocimiento y de las obras literarias y místicas perdidas de la antigüedad. La calidad de las imágenes de alta definición ha permitido certificar que los textos están escritos en griego antiguo, arameo, sánscrito, escritura cuneiforme sumeria y jeroglíficos egipcios, así como algunas formas de escritura que no concuerdan con ninguna civilización conocida.

El revuelo en la comunidad científica y arqueológica internacional ha sido tremendo y muchos académicos piden con urgencia un plan para comenzar las excavaciones, ya que consideran que en esos manuscritos se pueden encontrar claves y conocimientos perdidos durante milenios y que sin duda aportarán luz y saberes que cambiarán, no sólo nuestra visión del mundo antiguo, sino nuestra realidad y que pueden aportar un decisivo avance a nuestra civilización.

Algunos especialistas ya aventuran que quizá se puedan multiplicar por tres las obras clásicas de la cultura griega y romana que han llegado a nosotros, y que puede que muchos de esos papiros contengan parte de la extensa biblioteca perdida en el incendio de la mítica biblioteca de Alejandría, destruida por los primeros cristianos allá por el año 391, después de otras catástrofes anteriores. Otros autores esperan que entre los libros que puedan aparecer se encuentren aquellos de Hermes Trismesgito, personaje mítico y legendario que ofreció al pueblo egipcio todo el saber en 42 libros herméticos que irían desde la alquimia, la astronomía, los dioses y la naturaleza del hombre.

Esperemos que la burocracia y la conservación de uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo no impida que se pueda desenterrar tan grande hallazgo y que su estudio, que sin duda llevará décadas, comience cuanto antes porque de ser ciertas parte de las hipótesis, sin duda cambiará el mundo y nuestro conocimiento de forma radical.

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