La ley del Equilibrio

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        En un mundo pleno de información y desbordado de versiones, opiniones e ideologías contrapuestas, no hay mejor guía que la lógica. Nos conocen bien, saben que nos dejamos deslumbrar por la cuantiosa cadencia de últimas horas, puntos de vista, previsiones de organismos oficiales, estadísticas, declaraciones de políticos, balances económicos y resoluciones judiciales… y la confusión nos impide ejercer nuestro poder para desviar la senda que nos marcan. El sistema mundial es como es, y no podemos hacer nada, que es lo que la élite que dirige los pasos de la economía y la política parece inculcarnos. Y lo consiguen, porque la gran mayoría ni tomamos conciencia, ni nos unimos para hacer de esta civilización algo más justo y ético.

            Los movimientos populares y críticos con el poder que han aparecido en los últimos años en zonas culturales y económicas tan diferentes como España, Egipto, Brasil, Venezuela o Ucrania; son un destello de esperanza para algunos. Todo está cambiando muy rápido y el poder establecido ya no controla la información como antes, usurpada por internet, y teme perder el control que ejerce sobre el devenir del mundo. Su plan económico, abanderado de la globalización y el liberalismo extremo, es el que está en peligro, y las leyes para restringir tanto el derecho de manifestación y protesta, como el contenido de internet, una de sus múltiples respuestas. Y esos movimientos “antisistema” representan para otros, una molestia transitoria e inocua que escenifica el último estertor del contrincante que vislumbra su derrota.La Ley del Equilibrio

            La globalización, nos han adoctrinado, es el proceso natural y lógico de una sociedad donde impera la democracia, la libertad y los derechos humanos. Todo ello tras la victoria del bien contra el mal, que tuvo lugar en la II Guerra Mundial, y más aún tras la caída del bloque soviético. Desde entonces triunfa el libre mercado y por ende el ser humano es libre. Y sin embargo las desigualdades en el primer mundo, y la penuria en la mitad del planeta, llamado tercer mundo, han aumentado. Borges en boca de uno de sus personajes, Otto Dietrich zur Linde, un nazi del cuento “Deutsches Requiem”, lo afirmaba: el nazismo aún en la derrota ha vencido, pues ha impuesto que la violencia triunfe en el mundo. Y la economía se ha convertido en la más eficaz y expresiva forma de su violencia, y por su dogma China puede permitirse el genocidio de un millón de tibetanos y tener a todos los países autocalificados como democráticos, implorando a las puertas de su gran mercado por entrar, y no atreverse a dedicarle el mínimo reproche. Sí, el mal ha triunfado y su cara se oculta en las necesidades del mercado.

            Hay demasiada información, miríadas de informes y noticias, y yo como muchos, estoy cansado de ello. Baste uno de la ONU. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), publicado en enero de 2014, el 40% de la riqueza mundial está en manos de un privilegiado 1% de la población mundial. Mientras la mitad de los habitantes del planeta, posee sólo el 1% de la riqueza mundial. No es esta una cuestión de ideología, sino de lógica. ¡Procedamos!

            La lógica no miente. El mundo no es lo que afirma ser, y los culpables no pueden ser más que aquellos que nos gobiernan, por dejación, por ser instrumentos de la élite financiera o por su ineptitud. Sí, vosotros también lo sabéis, por una mezcla de todo ello, y quizá de lo que nunca sabremos. Para resolver un problema tienes que conocerlo y sufrirlo, porque si no te atañe y eres un privilegiado al que la subida de la luz, el coste de una vivienda o el paro no afectan; evidentemente, no eres el más adecuado para hallar una solución, y si además la situación les genera beneficios, se transforman en parte y obstáculo insalvable para remediar el problema.

            Abarcar la enmarañada realidad, con sus múltiples aristas puede dar paso a la discusión, a la demagogia y a lo que ustedes quieran. Pero aplicar la lógica nos descubre el engaño, desde sus inicios y sin ambages. La grandeza del universo se rige por el equilibrio y si tú lo niegas y fomentas lo contrario, tarde o temprano recibirás su pago, y el planeta con el que jugamos, no está exento a esas reglas. El cambio climático no es una falacia, una hipótesis o una entelequia; simplemente es el símbolo de que tarde o temprano pagaremos nuestros desmanes; o claro lo harán nuestros hijos. El libre mercado se rige por el consumo continuo que elude la sustentabilidad, pero los bienes de los que se nutre, es decir el mismo planeta, son finitos. Un ejemplo, el 15 de noviembre del año pasado la BBC hizo público un estudio sobre la deforestación del planeta creado con imágenes de Google Earth entre 2000 y 2012. El resultado es que desaparecieron 2,3 millones de km2 de bosque y sólo se recuperaron 800.000 km2. ¡Utilicemos la lógica! Sí, es cuestión de tiempo.

            Reneguemos pues de la realidad maniquea que nos presentan, en la que para ser competitivos hay que bajar los sueldos. En Bangladesh se paga entre 30 y 50 euros al mes a los trabajadores en el sector textil, ó 165 euros en Marruecos, por jornadas laborales del siglo XIX de entre 60 y 80 horas semanales. Esa injusticia, ahora que nos la intentan aplicar también a nosotros, nos reclama luchar por ellos. No, no es simplemente una cuestión económica, sino ética. Su imposición muestra lo tergiversado de la realidad en la que vivimos y la falacia del mundo democrático y libre, porque son precisamente los países que abanderan esa ética los que por medio de sus corporaciones y grandes empresas imponen la contraria, como un neocolonialismo encubierto. Buscan esclavos modernos y quieren convertir todo bien de primera necesidad en un producto con el que hacer negocio, ya sea el agua, la luz, la sanidad, la educación, la vivienda… el trabajo. La lógica que predica el mundo democrático y capitalista no cuadra con la realidad a la que nos fuerzan. Y si la lógica de las acciones muestra el verdadero ser de quien las ejecuta, no cabe duda: El mal gobierna.

            En nuestras manos está cambiar el rumbo y buscar un equilibrio, no sólo por nosotros, sino por las generaciones futuras. Hurguemos en la base de nuestras culturas y encontraremos paradojas, Y si los cimientos son torcidos, ¿cómo será el resto? Baste una. No hay nada más natural que el sexo, y sin embargo no hay mayor tabú. No, no es lógico, pero es real. Busquen las suyas, indaguen y por lo que más quieran, pongan su pequeño grano de arena para equilibrar el planeta.

MartiusCoronado©2014

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Martius Coronado (Vva del Arzobispo, Jaén 1969). Licenciado en Periodismo, Escritor e Ilustrador. Colabora en Diario 16. Reflejo de la diáspora vital de vivir en Marruecos, USA, UK, México y diferentes ciudades españolas, ha ejercido de profesor de idiomas, jornalero, camarero, cooperante internacional, educador social y cómo no, de periodista en periódicos mexicanos como La Jornada, articulista de revistas como Picnic, Expansión, EGF and the City, Chorrada Mensual y El Silencio es Miedo, así como ilustrador o creador de cómics en diferentes publicaciones y en su propio blog: www.elpaisimaginario.com La escritura es una necesidad vital y sus influencias se mezclan entre la literatura clásica de Shakespeare o Dickens al existencialismo de Camus, la no ficción de Truman Capote, el misticismo de Borges y la magia de Carlos Castaneda, en cuyo homenaje creó: El Chamán y los Monstruos Perfectos, disponible en Amazon. Finalista del II premio de Literatura Queer en Luhu Editorial con la Novela: El Nacimiento del Amor y la Quemazón de su Espejo, un viaje a los juegos mentales y a las raíces de un desamor que desentierra las secuelas del Abuso Sexual.

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