La Huida

publicado en: Relatos y Literatura | 1
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Huida

(Capítulo 2. Parte 1ª. Novela: El Sueño de Dios)

Hoy ha pasado algo maravilloso. ¡Y eso que tenía un gran bajón!, aunque claro no era el único, también estaba Juan. Y esa unión en la pesadumbre ha parido la magia. Todo fruto del compañerismo. ¿Será éste el secreto de la vida?

Estábamos Juan y yo quejándonos de nuestra suerte, cuando yo he comenzado el juego:

            -Pero se van a enterar todos de quién soy yo. Un día escribiré el mejor libro que se haya escrito y empezarán a llamarme, para que escriba guiones, los mejores directores de cine del país. Me llamarán para salir en programas de televisión, ganaré mucho dinero y por supuesto te invitaré a que vengas a vivir conmigo y compartas mi éxito.

            -Va -me siguió- para entonces yo ya habré sacado mi primer disco que entusiasmará a los críticos y que extrañamente será éxito de ventas en todo el mundo. La diva del Pop del momento querrá que haga un dúo con ella. Pero sólo me la tiraré una vez y me iré a New York a vivir. Entonces te ofreceré participar en mi segundo álbum.

            -Eso no es nada -le respondí-, yo para entonces habré estrenado una película dirigida, escrita y protagonizada por mí que, aunque sea de habla no inglesa, arrasará en los Oscar. Momento en el cual aceptaré tu invitación, escribiré las letras y tocaré la guitarra en tu banda.

            -Sí -continuó- pero yo abandonaré la gira mundial porque se descubrirá que he dejado preñada a la futura reina de Inglaterra y la prensa me agobiará. Será entonces cuando me recluiré en una isla de los mares del sur…

-Regalo mío.

-Sí, regalo tuyo, en la que, además de casarme con el amor de mi vida, una bella samoana que conoceré allí, quien me dará hijos preciosísimos, me dedicaré a la pintura y al cabo de dos años revolucionaré las bellas artes y se me considerará un nuevo Picasso.

            -Yo mientras tanto me dedicaré a viajar de incógnito por cada rincón del planeta haciendo amigos y librando aventuras. Y aunque la prensa del corazón diga que estoy desintoxicándome de mi adicción a las drogas, ¡mentira, ya que aunque las haya probado todas sé controlarlas!, yo iré trabajando en una serie de documentales que, aunque me costarán empeñar toda mi fortuna, serán un exitazo.

            -Sí porque para entonces yo habré comprado un canal internacional que los mostrará. Y con tus documentales y mi programación descubriremos al mundo la falsedad de quienes los gobiernan.

            -Pero entonces el Vaticano, ante nuestra negativa a ser usados de medio de su propaganda, planeará junto con la C.I.A. quitarnos de en medio. En una audiencia con el Papa, con la excusa de que le escribamos una ópera rock cristiana, intentarán matarnos.

            -Sí pero recuerdo muy bien que usaremos al Papa de escudo, mientras nuestros guardaespaldas nos protegen. Y como sin que ellos lo supieran habíamos llevado cámaras, lo contemplará el mundo entero que se sublevará.

            -Y lo más acojonante es que el nuevo orden mundial que surgirá será llevado por gente sabia. Y nosotros al ser invitados a formar parte del primer gobierno dictaremos una ley que prohíba la fabricación de cualquier arma.

            -Y otra que haga la educación gratuita y la posesión de las cosas pública, ya que nosotros seremos los primeros que donemos nuestras inmensas fortunas al mundo.

            -Y por último nos negaremos a que nos hagan estatuas y nos idolatren. Solamente hicimos lo que teníamos que hacer. ¿No es lo que haría cualquiera..?

 

Toda esta fantasía que aquí resumo, duró horas, y hubo infinitos detalles y anécdotas que me he saltado. Pero lo más bonito es que llegamos juntos al mismo final.

Lo maravilloso es que esa vida que creamos juntamente nos dio eso, vida. ¡Qué tarde más increíble!

Espero que Juan nunca se olvide de aquello, ojalá que ese fuera nuestro destino. Porque yo creo que juntos si quisiéramos podríamos hacerlo. Sí creo que el secreto de la vida es la complicidad. ¡Y yo creo que he encontrado a mi cómplice!

 

Segismundo Umano, 16 años

 

 

 

Juan se queda pensativo con el diario abierto entre sus manos. Al principio se sintió un poco mal por estar chismorreando, ahora le alegra lo que esas páginas le han descubierto de quien había sido su compañero de infancia. Por primera vez comprende la raíz soñadora que empujaba a aquel a fantasear, sin discernir lo real de lo imaginado, y que le achacó de niño fama de mentiroso. Misma faceta que lo encandiló a seguirlo como un líder por juegos y aventuras a las que Segismundo cargaba con la irresistible potestad de la magia. ¡Pero aquello quedaba ya tan lejano!

Sin embargo aquí está para acompañarlo en su última propuesta mágica, no podía hacer menos aunque esta vez no fuera a compartirla. Cuando Segis le pidió su ayuda y le comentó su plan se quedó perplejo y lo desaprobó, aunque no lo dijo. Ahora tras la lectura de las páginas del niño que fue su amigo lo comprende. Simplemente cansado de esperar ha decidido buscar su destino. Sí, tras semanas de conmiseración, ha encontrado la fuerza para huir. Como un ataque de lúcida y feliz locura.

-¡Vámonos, vámonos! -Segis abre la puerta del copiloto y da un portazo con su entrada- ¡La vida espera!

-¡Estás loco Mundo!

-¡Coño! ¿Y tú qué haces con mi diario?

-Leerlo. No he podido evitarlo. No sabía que tuvieras uno.

-Ni tienes por qué saberlo todo de mí. Dame -cogiéndoselo- y arranca que no vamos a llegar nunca.

-Encima voy a tener yo la culpa de que nos hayamos parado 40 veces.

Segismundo balancea su cabeza con la inercia del arranque y fija su mirada en el pueblo que va a dejar atrás. Ante la muerte la única respuesta que cabe es la locura, siempre que ésta sea la propia y el tiempo de maniobra breve. Se dice en silencio, al huir de esa forma, de un destino que más que aburrirlo lo asfixia. Pero a pesar de la fuerza que da, el ser una tabla rasa en la que va a pintarse un nuevo autorretrato, no puede evitar dejarse seducir por el romanticismo sentimentaloide del momento. Por eso ha pedido una última parada, la excusa, una meada. La razón, una mirada final al pueblo, contra quien se ha jurado la apuesta de no volver a pisar.

A la desaparición del último paisaje del ayer, baja la cabeza y recorre el equipaje del mañana. Compuesto por dos recias maletas y un macuto pequeño que se acomodan en los asientos traseros. ¿Dónde vas con tanta cosa?, se pregunta al recordar la expresión de su amigo al recogerlo.

Por minutos hablan de cosas intrascendentes, de música y del último pedo. Hasta que Segis dice algo que realmente siente.

-¿Por qué no te vienes conmigo?

-¿Qué… ! ¡Tu estás más que loco, Pero si no sabes ni a dónde vas! Y tu ya sabes que yo no me puedo ir, ¿y Esther..?. Mi vida la tengo aquí, tengo responsabilidades. Tu como no sabes lo que es eso.

-¡Vengaaaaa….!

-¡Ja, ja… no cambiarás nunca!

-Sí he cambiado. Sólo que me sigo queriendo comer el mundo y tú ya no.

-Sí, bueno todo cambia. Ya hemos llegado.

Los kilómetros que los separan del pueblo vecino pasan rápidos. Nuestro protagonista se va de incógnito, sólo su familia al ver el equipaje lo acaba de saber, y ha preferido, por ello, una estación de autobús extraña para evitar a los conocidos. La bajada de equipaje y un café con leche, dejan un margen frío para las confidencias que como despedida cada uno había imaginado brindarse.

-¡Vete ya anda!

-Si ya no hay prisa. Bueno cuídate, ten cuidado, no hagas ninguna locura y llámame si necesitas algo, ¿vale…?

-Vale. Yo ya te contactaré cuando me vaya bien, para que me visites claro.

-Yo también.-Se abrazan.

Juan empieza a alejarse cuando en un ataque de franqueza lo detiene.

-¡Ven, ven! -cuando está a su altura- Toma, toma, guárdamelo tú.-Le entrega su diario.

-No, no.¿Por qué..?

-¡Cógelo! Tú has sido mi mejor amigo en muchos sentidos, me gustaría decirte tantas cosas… Este Diario es como yo mismo, es un préstamo que me devolverás cuando nos volvamos a encontrar. Es lo más cercano a mí que te puedo dejar. ¡Toma!

-¡Gracias no sé si…!

-Léelo no hay nada más que cosas mías, así serán cosas nuestras. Sé que no lo juzgarás.

-No soy ningún juez, sólo tu amigo.

-Lo sé. ¡Anda vete ya!

Se separan sin volver la cabeza, para no ceder a la tristeza que los atenaza. Segismundo espera a que se ahogue el ruido del motor para acercarse a la taquilla.

-¿A dónde va el próximo autobús? ¿Qué…? -no oye la respuesta. Da igual deme un billete.

Mira el destino antes de guardarlo, y se sienta con su equipaje en el andén. Tiene cuarenta minutos de espera. No es mucho, se dice. Tanto equipaje es un coñazo para ir sin rumbo, pero son los restos de toda una vida y por mucho que desechara, y mucho desechó, lo que queda abulta.

Mira el reloj y la tenaza nerviosa del estómago lo alegra. Allá voy, se anima.

Las cosas no suceden como uno las imagina. El sueño de este momento siempre estuvo unido a la compañía de un cómplice. El último candidato posible, se acaba de ir. Bueno, se dice, la magia de la casualidad me espera. Quizá encuentre al maestro que me ilumine y guíe. Aquel que siempre esperé que llegara. El conocedor del mundo, el que responda a mi pregunta: ¿Qué es la vida?

(Si te gustó. Puedes leer el primer capítulo: http://www.elpaisimaginario.com/muerte/)

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