La Encrucijada Socialista

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El retorno de Pedro Sánchez a la presidencia del PSOE ha sorprendido a la mayoría de medios de comunicación y a gran parte de la opinión pública. Su vuelta al primer plano político y mediático no estaba contemplada por los diferentes agentes del sistema

Cuando en octubre del año pasado se forzó su salida para facilitar el gobierno del PP, escenificando una crisis sin precedentes en el partido socialista, todo parecía indicar que el cambio de secretario general, tras una prolongada gestora que apaciguara las aguas, sería un simple trámite con urnas, para los promotores del “golpe institucional”. No por nada éste había sido apoyado e ideado por los barones y los grandes pesos históricos del partido, como si la militancia no contase a pesar de haber instaurado el sistema de primarias.

Resultaba ya entonces sospechoso que, en contra de lo anunciado en campaña y de su propia ideología, se fuera a apoyar a un gobierno del partido conservador y tradicional oponente, sin contraprestación alguna. Pagando un desgaste descomunal frente a sus votantes, con el peligro de que muchos de ellos acabaran en los nuevos partidos emergentes.

La objetividad de los hechos demostraba que más allá del aparente antagonismo entre los partidos que se habían repartido el poder desde la transición, el bipartidismo era la escenografía de un sistema político con dos caras, pero con intereses comunes, y el principal, entonces, era la pervivencia de un modelo amenazado por las nuevas formaciones políticas. Sólo así se podía comprender que el aparato del partido socialista iniciara ese movimiento, como si sus agentes ocultos actuaran más en nombre de los intereses creados por el sistema, que por la ideología que supuestamente encarnaban.

Pero la democracia, esta vez en forma de primarias, tiene un pequeño inconveniente cuando los que mueven los hilos del poder se olvidan de aquellos a los que representan, y es que sus afiliados, a pesar de sus dirigentes, siguen creyendo que pertenecen a un partido socialista. Por ello no es de extrañar que, una vez llegado el momento en el que pudieron expresar su opinión, ésta mostrara su apego al candidato que enarbolaba una sensibilidad más social y acorde a la esperada por un partido socialdemócrata.

Durante décadas la élite política ha creído que el votante medio podía ser dirigido, de hecho así fue, como demuestra la entrada en la OTAN o el proceso europeo en el que se ha primado la economía liberal frente a los principios socialdemócratas. Mientras no hubo crisis daba igual quien gobernara, Europa imponía los pasos y ni conservadores ni progresistas los pusieron en entredicho. Parecía que la venta completa de las numerosas empresas públicas, como decía el liberalismo, haría que se abarataran los servicios y se repartiera la riqueza; pero el incremento exponencial de la luz, por poner sólo un ejemplo, y los beneficios de empresas como Telefónica o Repsol, muestran que en realidad el país ha perdido unos ingresos que no han hecho más que incrementar la deuda pública y empobrecido a la hacienda pública, convirtiendo el impacto de la crisis en imparable.

La Comunidad Europea, en las últimas décadas de construcción, se olvidó del aspecto social. La crisis de los partidos tradicionales y, en especial, de los partidos socialdemócratas europeos tiene aquí su raíz, porque a pesar de sus supuestas intenciones han dejado que los principios del Estado del Bienestar queden subordinados a los del liberalismo globalizador y al de las grandes corporaciones. Su dejadez, cuando dicha tutela debía corresponder a la socialdemocracia europea, los señala.

La perspectiva del pasado ayuda a comprender las consecuencias del presente, y visto así ahora no extraña que durante los gobiernos de Felipe González se vendieran más empresas públicas que en ningún otro periodo, más de 120, y que dicha tendencia no ha cambiado, no importando qué partido gobernase. Lo que también demuestra que ninguna de las dos formaciones bipartidistas tenía o tiene una visión de estado propia, más allá de la que dicta Europa. Y aunque el españolito medio no sepa expresarlo, al sufrir los efectos continuados de la crisis, comienza a expresarlo al buscar nuevas formaciones políticas.

El reingreso a la secretaría general de Pedro Sánchez ejemplifica el enfado del votante tradicional con las élites del partido y la demanda de unas políticas más acordes a su credo, pero también insinúa la necesidad de cambios profundos en la socialdemocracia si quiere seguir siendo relevante en los años venideros, y no seguir perdiendo votantes.

A pesar de comenzar como un candidato oficial, Pedro Sánchez, quizá más por las circunstancias que por su propio planteamiento, se ha visto abocado a un papel que debe tender puentes con la nueva izquierda. Sin duda, las luchas internas dentro del PSOE no van a terminar aquí, cómo se resuelvan y una sabia lectura de las necesidades políticas por parte de sus correligionarios harán posible que el socialismo tradicional vuelva a tener un papel relevante; de no conseguirlo la derecha volverá a repetir legislatura y su importancia y rol, en el futuro panorama político, irá, sin duda, disminuyendo.

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Martius Coronado (Vva del Arzobispo, Jaén 1969). Licenciado en Periodismo, Escritor e Ilustrador. Colabora en Diario 16. Reflejo de la diáspora vital de vivir en Marruecos, USA, UK, México y diferentes ciudades españolas, ha ejercido de profesor de idiomas, jornalero, camarero, cooperante internacional, educador social y cómo no, de periodista en periódicos mexicanos como La Jornada, articulista de revistas como Picnic, Expansión, EGF and the City, Chorrada Mensual y El Silencio es Miedo, así como ilustrador o creador de cómics en diferentes publicaciones y en su propio blog: www.elpaisimaginario.com La escritura es una necesidad vital y sus influencias se mezclan entre la literatura clásica de Shakespeare o Dickens al existencialismo de Camus, la no ficción de Truman Capote, el misticismo de Borges y la magia de Carlos Castaneda, en cuyo homenaje creó: El Chamán y los Monstruos Perfectos, disponible en Amazon. Finalista del II premio de Literatura Queer en Luhu Editorial con la Novela: El Nacimiento del Amor y la Quemazón de su Espejo, un viaje a los juegos mentales y a las raíces de un desamor que desentierra las secuelas del Abuso Sexual.

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